jueves, 11 de febrero de 2016

¡Enterado de la caja del agua!

En respuesta a una consulta realizada, la ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA, que circunscribe este decir a la isla de Gran Canaria recogiendo además otra variante que dice “Ignorante de la caja del agua”, entiende que «La expresión ¡enterado/ignorante de la caja del agua! es una fórmula de insulto en que el calificativo resulta intensificado mediante una fórmula como la que opera en expresiones del tipo tonto del bote, bobo de baba, loco de atar, etc. En cuanto a la motivación de dicha frase hecha, nada seguro podemos afirmar. Acaso guarde relación con la costumbre, muy arraigada en Las Palmas de Gran Canaria, de servir cajas de agua en los domicilios particulares por parte de ciertas empresas repartidoras».

Parece claro que toda paremia (refrán, proverbio, adagio, sentencia) apunta a un origen popular, que surge de forma espontánea. En el caso de nuestro decir, se aparta de la definición de los dos primeros, refranes y proverbios, construidos normalmente con rima forzada y que trasmiten una moraleja o enseñanza. En todo caso es una sentencia, y para ser más concreto un adagio como fórmula de insulto, como bien dice la Academia. Pero toda paremia, aun teniendo un origen popular se sustenta en la veracidad argumental, que sea comprobable y contrastable, y que nuestro decir pueda guardar relación con la cajas de agua embotellada de reparto a domicilio, pierde toda su intencionalidad por no comprenderse.

A nuestro particular entender, la opinión más generalizada es que guarda relación con las antiguas “cajas de agua de repartimientos”, de las hoy llamadas troneras o cantoneras que reparten el agua de las acequias, junto a las cuales solían construirse o habilitarse “lavaderos” públicos a los que acudían en tiempos pasados nuestras mujeres para lavar su ropa. Unos sostienen que el destinatario de la frase del decir es aquella “mujer lavadora” que llegaba y ocupaba un espacio privilegiado o que entre “lavado y lavado, alegaba de alguien no presente”, convirtiéndose como dice Pancho Guerra en una «ALEGANTINA.- Murmuradora, chismosa, maldiciente, que practica como por oficio lo de poner al prójimo "de caldo y cocina", haciendo una sama de una escama, o cosas semejantes».

Las Lavanderas de Jorge Oramas
Otros apuntan que el destinatario de la frase del decir es “ese enterado” que llegaba de improviso y de forma clandestina bajaba o quitaba la tablilla de la tronera para que entrara más agua a su cercado, y pasado algún tiempo reponerla como si no hubiera pasado nada. Es quizás esta versión por la que más apostemos particularmente por tratarse de un insulto intensificado que se justifica en la desvergüenza del autor del hecho, que no es compartida por ninguna de las "lavadoras" que le observaban, en línea con la histórica pena impuesta en las Ordenanzas del siglo XVI según veremos.
   
La arquitectura del agua en Canarias tiene sus raíces en la cultura islámica, más concretamente del Al Ándalus, que pudo llegar a través de los conquistadores del sur de la península Ibérica, o a través de Madeira, de donde también nos llegó el cultivo de la caña de azúcar y los ingenios azucareros.

Consecuencia del propio repartimiento de tierras y aguas entre conquistadores y financiadores de la conquista, y para regular la distribución al común de las aguas de las “madres” o nacientes, se adoptó de los fueros castellanos la figura de los heredamientos para la posesión y disfrute común de las aguas que era conducida por las acequias reales hasta las proximidades de las tierras de cultivo. A partir de este lugar común, se hacía necesario para su distribución un sistema de medición para su reparto a cada interesado, así como un responsable de su control.

En las Ordenanzas del Cabildo General de 1531 es regulada la figura del “Alcalde de Aguas” que fuera de los mismos herederos y con un mandato por seis meses, quien además de velar por el buen estado de las acequias, estaba obligado a que «… todas las tornas que oviere en cada heredad e la que se pudiere regar con una torna manden que no aya más que aquella e ansi se cumpla e hagan haser sus contra acequyas por de dentro de las heredades por donde puedan regar y rieguen e se escusen las dichas tornas… » y además «… que los alcaldes manden hazer en cada una de las dichas tornas que ansy regaren las dichas heredades de cal la dicha torna con una caxa de madera con su puerta por manera que por ella no se pierda ni salga agua ninguna e pongan término e pena a los señores de las heredades que lo hagan según dicho es e quando no lo hiziere luego…».

Es en esta regulación donde nos aparece, la “torna” y el origen de lo que se llama  la “caja del agua”, término que en esta isla se ha perdido a favor de “arquilla”, “tronera” o “cantonera”, bien porque quedaban a cielo raso, sin cerramiento exterior, o por su construcción con piedra azul de cantería de Arucas o porque en muchos casos adoptan formas caprichosas, distintas de un cubo, para resolver las múltiples salidas de aguas. También destacar de la antigua ordenanza la advertencia que no debe perder ni salir agua ninguna sin control, estableciendo penas.

Los artilugios para medir el agua, las “cantoneras” más evolucionadas en los siglos, son dos estanques de pequeñas dimensiones intercomunicados por el fondo, con los más caprichosos diseños arquitectónicos. La acequia lleva el agua al primero de los pequeños estanques, donde se remansa para pasar al segundo, que es el verdadero distribuidor y medidor del agua a través de las distintas bocas o troneras en sus laterales, donde tablas de madera de diferentes alturas, o las más modernas regletas graduadas, regulan la cantidad de agua que sale durante una hora. Fue el conocimiento público del horario solar lo que motivó a muchas heredades para colocar relojes en los templos parroquiales y en sus propios edificios. Para cerrar una de las salidas se coloca una labrada piedra totalmente ajustada, y así sellar la boca.

Lavadero de la Caja del Agua La Calzada (Fedac)
Las redes de acequias más antiguas conservan aún las “cajas de agua” que siglos después se rehabilitaron y reconstruidas con piedra y argamasa en sustitución de la primitiva madera, casos que encontramos en las acequias que llegan a la ciudad de Las Palmas de GC, como es el caso del Molino del Maipez en Dragonal y los desaparecidos Molino GrandeMolino La Barranquera y Molino Chico ambos en Barranco Seco, tributario del Guiniguada, muy cercanos a la Ciudad, y sin que nos olvidemos del Molino del Batán, harinero reconvertido para el abatanado de los paños para su apelmazado.

En algunas de ellas, el primer pequeño estanque se construía ensanchando la propia acequia a su término, que en ocasiones se habilitaba como “lavadero”. También cuando se aprovechaba la fuerza hidráulica para moler con licencia del heredamiento, el agua de la acequia llenaba el “herido” para generar más fuerza por la presión del agua, y a su salida se construían los dos estanques.

De otros, muchas noticias han quedado para la historia en los protocolos notariales, y como ejemplo, la testamentaría de 8 de abril de 1763, donde el Familiar del Santo Oficio de la Inquisición Juan González Travieso y Ana Suárez Fleitas, dicen poseer «Molino harinero con máquina de agua denominado de “Padilla” en el Barranco Guiniguada con dos estancias para la máquina y habitación del molinero» y «Molino harinero con máquina de agua denominado “Caja del Agua del Repartimiento” en dicho Barranco con dos estancias», propiedades que desvinculadas pasaron a sus sucesores el 27 de mayo de 1864.

De estas antiguas definiciones sobre la arquitectura del agua, algunos de los lugares con lavaderos eran conocidos popularmente como la “Caja del Agua”, como epónimos de los casos ya comentados, y así se convierten en el contexto y lugar donde nuestro decir nace de forma espontánea. 

viernes, 22 de enero de 2016

Puso los ojos como chernes

Los hermanos Luis y Agustín Millares Cubas en su obra “Léxico de Gran Canaria” (1924) recogen la locución verbal “Poner los ojos como chernes”, añadiendo la siguiente explicación: «Ya hemos dicho que la voz cherne que designa al pez más sabroso de las pesquerías africanas, es probablemente una deformación del adjetivo "tierno". En tal hipótesis, “poner los ojos como chernes”, es mirar con ternura, con ansia, a la persona o cosa ardientemente deseada. Por ejemplo, el aficionado a obras de arte, cuando se le pone en presencia de un cuadro famoso, de un mueble antiguo, de un tapiz etc. “pone los ojos como chernes”, con lo cual expresa a la vez su admiración y su codicia».

Detalle de fotografía (mundomarinhobr-blogspot-com-es)
En el prólogo de dicha obra, al argumentar las fuentes u orígenes probables del humilde (sic) léxico gran-canario, en el segundo de sus apartados recogen textualmente: «II. Deformaciones de palabras castellanas, usuales y corrientes, verbí gratia, “nombrete”, apodo, “en pelete”, en pelota, “cherne”, tierno, “pilla”, pila de pescado salpreso, “guirrear” por guerrear, “calda” por carda, “fachento” por fachendoso, “fullerento” por fullero, “bondón” por bondadoso, etc.».

A continuación recogen el significado del nombre “cherne”«Para nosotros, la Costa es, por antonomasia la vecina del continente africano, punto de reunión de los pailebotes isleños, que parten cargados de sal y vuelven conduciendo las apretadas pillas de pescado salpreso, alimento del pobre y regocijo a veces del rico. De todos los pescados que de allí nos vienen, el más sabroso es el reputado cherne (¿deformación popular de "tierno"'?) indispensable elemento del sancocho (salcocho) canario que, en las francachelas colectivas, se comía antaño en Los Laureles o el Confital y hogaño en San Cristóbal».

Pancho Guerra en su léxico, no menciona la locución verbal, si bien nos incluye mayor información sobre el “cherne” en su significado: «CHERNE.- Pez semejante a la sama en su forma y a la corvina en su gusto, aunque se le estima superior, hasta el extremo de denominársele popularmente "jamón de La Costa". (La gente isleña de la mar lo encuentra en abundancia en los cercanos bancos de la ribera africana, trayéndolo a su tierra salpresado. En los últimos años, y con la mejora de sus barquitos, también lo vende fresco. Con el cherne se prepara uno de los platos más peculiares de la cocina isleña: el sancocho. El Diccionario de la Academia recoge "cherna", haciéndolo sinónimo de "mero")».

Tampoco el diccionario de la ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA recoge la locución verbal, y el significado recogido es algo más amplio «cherne.- 1. m. (Polyprion americanus) Pez de color pardo que puede alcanzar hasta los dos metros de longitud, aunque generalmente no excede de los cincuenta centímetros. Habita en zonas rocosas, entre los doscientos y ochocientos metros de profundidad. Se alimenta principalmente de cefalópodos y de pequeños peces. Es pescado muy apreciado y se ha consumido principalmente salado. El sancocho es muy sencillo: pescado salado, a ser posible cherne, papas y batatas», añadiendo además una segunda acepción «2. m. GC.  En el juego del envite, carta de gran valor».

Es el “Diccionario Histórico del Español de Canarias”, de Cristóbal Corrales y Dolores Corbella,  el que aporta algo de historia sobre la locución que se convirtió en undecir:

«2. Como chernes. Loc. adj. Grandes y ahuevados. Dicho de los ojos.

1907 Millares “El bombardeo del cabrón” (p.231): […] murmuró poniendo los ojos como chernes: ─¡Carrizo!, pues es verdad.

1907 Millares “El guayete” (p.183): Imaginense ustedes qué figura estaría yo haciendo en aquel momento. ─¡Ay mi madre, pensaba, la folía de trompadas va á dar miedo ahorita mismo! Y todo se me iba en sacudirme el polvo y las telarañas, para disimular el cerote y en mirar hacia la puerta, poniendo en ella unos ojos como chernes».

Continúa la misma obra, después de reproducir el significado que los hermanos Millares Cubas dan al “cherne” ─que ya hemos incluido al principio─ apuntando las explicaciones en cuanto al origen de la locución, citando el tomo IV (1996) de laGran Enciclopedia Canaria (GEC):
(Foto Arquivo TG)

«Frente a la opinión de los Millares, el origen de esta expresión se encuentra en que el ejemplar adulto suele vivir en fondos rocosos entre 200 y 800 metros de profundidad y, cuando es capturado, “al llegar a la superficie suele aparecer con la vejiga natatoria hinchada por la descomprensión y los ojos desorbitados” (GEC IV. Vid. “como antoñitos de vivero”».

También el profesor José  Pérez Vidal en su trabajo “Influencias marineras en el español de Canarias” (Revista de dialectología y tradiciones populares, VIII, 1952, pp. 3-25), remitiéndose a la obra de Millares, recoge «CHERNE. m. fam. Los ojos grandes y saltones de este pez han pasado a ser término de comparación de ojos asombrados y codiciosos. Muy usado en la fr. “Poner ojos de cherne”».

Por las distintas teorías expuestas y recogidas, habría que concluir que nuestro decirdebe interpretarse como “puso los ojos grandes y saltones”, que no se aleja de lo recogido por los Millares Cubas de “mirar con ternura, con ansia, a la persona o cosa ardientemente deseada”, situaciones que en cualquier caso pueden denotar“alegría” o “sorpresa”. Es sabido que su interpretación por las expresiones faciales son: para la primera, «La contracción del músculo cigomático (que va del pómulo al labio superior) y del orbicular que rodea al ojo. Las mejillas se elevan y surgen “patas de gallo”»; y para la segunda, «Los párpados superiores suben, pero los inferiores no están tensos. La mandíbula suele caer». En ambas expresiones su denominador común es que los ojos parecen agrandarse y quieren saltar de la cara.

sábado, 9 de enero de 2016

Introducción y Bibliografía

Detalle (A, Passaporte)
Introducción

Los decires tradicionales de las islas son buena parte de su lenguaje coloquial que nace, al igual que el léxico canario, de forma espontánea como resultado del mestizaje de lenguas de distintas razas que a lo largo de la historia aquí han coincidido, incorporando refraneslocucionesexpresionessentencias, etc. a su habla corriente, popular y vulgar, unas adaptadas y otras adoptadas, definiendo así una forma de pensar y de actuar. En ningún caso debe justificarse su origen en su incultura, sino en la privación o negación de la cultura conocido como efecto "acultural", del que fue objeto la sociedad canaria por la clase gobernante y privilegiada para así mantener su estatus social y económico.

Resultaba además agravado este efecto por el fuerte aislamiento padecido durante siglos, debido al acoso de los barcos corsos de las monarquías europeas que impedían la normal comunicación con la metrópolis, y el mencionado mestizaje de lenguas de las que adoptaba o adaptaba sus voces para enriquecer un léxico que se fundamenta en la coloquial cotidianidad, y del que surgen sus decires como razonados principios filosóficos nacidos de la permanente observación, o combinaciones de palabras del léxico que son bien entendidas por los hablantes de entonces, pues saben a qué se refieren en su sentido real o figurado.

La toponimia, el léxico y los decires son buena parte de nuestro patrimonio inmaterial que estamos obligados a preservar para las futuras generaciones.


Bibliografía
CORRALES ZUMBADO, C. y CORBELLA DIAZ, D.:
Diccionario Histórico del Español de Canarias, Madrid, 2001.

GUERRA NAVARRO, F. (PANCHO GUERRA):
“Léxico de Gran Canaria”, Obras Completas, Vol. III, Madrid, 1977.

MAFFIOTTE LA ROCHE, J:
Glosario de canarismos, Sta. Cruz de Tenerife, 1993.

MILLARES CUBAS, A.: 
Léxico de Gran Canaria, Las Palmas de GC, 1924.
Cómo hablan los canarios. Refundición del léxico de Gran Canaria, Las Palmas de GC, 1932.

MORERA PÉREZ, M.:
“Influencias campesinas en el vocabulario canario”, Anuario de Estudios Atlánticos nº 39, Las Palmas de GC, 1993, pp. 121-156.
“Algunas características del español canario del siglo XVIII”, Anuario de Estudios Atlánticos nº 50, Las Palmas de GC, 2004, pp. 155-209.

O’SHANAHAN ROCA, A.:
Gran Diccionario del Habla Canaria, Madrid, 1995


Fondos Documentales Digitales
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Es del rabo torniado.

Este decir campesino, construido a partir del recurso agro-pastoril del rabo de una vaca o un toro, hace referencia a una persona difícil y complicada, que se enfada por cualquier cosa, que además siempre está formando gresca.

También podemos escuchar otra variante como “Es del rabo enrrebesado”, y otra más personalizada como “Fulano es enrabiscado”.

El mal humor (dgtau-wordpress-com)
En cuanto a la primera versión, el término “torniado” pudiera tener su origen en el participio del verbo “tornar”. Nos dice el DRAE que la tercera acepción de dicho verbo tiene el significado de «3. tr. Cambiar la naturaleza o el estado de alguien o algo», de donde se sustenta el sentido de nuestro decir.

En cuanto a la introducción de la vocal “i” en la participio “tornado”, Marcial Morales en su ponencia “Algunas características del español canario del siglo XVIII”, en el apartado de los aspectos fónicos, al comentar de los vocalismos dice añadiendo algunas ejemplos escritos y documentados: «En ciertos casos nos encontramos también con determinadas voces que han desarrollado una yod epentética: ‘la q. se escapare ahora las llebaran apenas tengan alguna como una almiendra’; ‘en punto de trigo morisco por aca no ai quien lo cambeie’; (…) ‘murió el hijo de la Cangreja (...), a rresultas de una palicia que le dieron en una vela en el rrisco de S. Juan’… ».

Otra opción a explicar es la utilización del recurso o símil del rabo de vaca, que concretamos en el género femenino pues como bien dice Grau Bassas en su libro “Usos y costumbres de la población campesina de Gran Canaria”: «Los labradores prefieren las vacas a los toros por su mayor producto y por ser más dóciles para el trabajo. Se utilizan en arar, trillar y arrastrar pesos, uncidos al yugo. Como animales de labranza son inferiores a las mulas, pero el labrador obtiene de ellos mayor rendimiento».

Pues bien, el adjetivo de “torniado”, puede también guardar relación como derivado de ese elemento hidráulico llamado “torna”, que si bien el Diccionario de Canarismos de la ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA lo define en su primera acepción como «1. f. Entrada para el agua en un surco», donde se cierra la entrada del agua, su acción era descrita de manera coloquial como que “la torna se ha virado”, dado que alteraba la dirección y destino de dicha agua de la acequia, como leemos de Pancho Guerra en su obra “Memorias de Pepe Monagas”, cuando nos describe un personaje que puede aproximarse al señalado por nuestro decir:

«… Iba en el coche un don Clemente, natural y vecino del Madroñal, que había hecho una media fortuna en Trasmarino, que era presidente de algo y que se pasaba la vida metido en curia, pleito va, pleito viene: por un lindón corrido un jeme, por una torna virada medio minutos antes de la hora, por la mitad de los frutos de un peralillo cuya sombrita caía en lo de él, porque una jaira le despuntó un cantero de millo bogando... Don Clemente; especialista en contenciosos-administrativos, ganaba casi todos los pleitos no se sabe porqué misteriosas enredinas».

En ese sentido el campesino ha visto que su vaca ha “virado” el rabo, que lo tiene en posición distinta a lo normal, y ello lo define como que tiene el “rabo torniado”.

La segunda versión de nuestro decir, “Es del rabo enrrebesado”, se observa que se usa el prefijo castellano “en_”, muy recurrido por el léxico canario en el mismo sentido  recogido por el DRAE: «1. pref. Interviene, sin significación precisa, en la formación de algunos derivados. Empalizar, embrutecer, encapado. 2. pref. Significa 'dentro de' o 'sobre'. Encajonar, enlatar, embotellar, empapelar, empastar».

En el caso de esta segunda versión de nuestro decir, antepone el prefijo a la palabra “revés”, para la formación del derivado “enrrebesado”. El propio DRAE nos da el significado aquí  utilizado en su quinta acepción: «revés.- 5. m. Vuelta o mudanza en el trato o en el genio», de donde no ofrece duda el atributo de la persona aludida.

En la tercera versión “Fulano es enrabiscado”, en la que se personaliza en alguien el mismo sentido del decir, construido también el derivado con el prefijo antes aludido y la palabra “rabia”. Juan Maffiote en su glosario nos aporta con claridad su significado: «Enrabiscado. p.p. de Enrabiscarse». «Enrabiscarse. v.r. Enfadarse, llenarse de rabia».

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Vaya guineo, usted

Como otros muchos decires de esta tierra, algunos siguen pronunciándose en contadas ocasiones sin que por ello quien lo dice conozca de su verdadero origen, y que en este caso, algunos atribuyen erróneamente al ensordecedor “cloquío” de las gallinas blancas ponedoras (algunos decían que eran el resultado de cruces con la gallina guineana), que allá por los años sesenta del pasado siglo se criaban en las azoteas de la Isla, bien en gallineros o en jaulas para ponedoras. La venta de los huevos constituía un ingreso complementario para las familias en aquellos tiempos difíciles, década en que se dejaba atrás la autarquía con la llegada de los ministros tecnócratas y la ayuda de los EE.UU. al régimen. Pero no era este el origen de nuestro decir.

Los hermanos Millares Cubas en la “Refundición del Léxico de Gran Canaria” incluyen su significado que es bastante distinto al imaginado: «GUINEO.- Vino de América, donde guineo era un baile de negros y también el canto monótono que lo acompañaba. Para nosotros el guineo es una canturía continuada, monótona y fastidiosa; por ejemplo, el quejido sin lágrimas del niño después de una rabieta. También se llama guineo la conversación aburrida y monótona de los solistas o modernos latistas, semejante al zumbido de un abejón.

Con este vocablo se ha construido un refrán canario ¡Guineo de boca cualquiera lo toca! que, ¡oh, maravilla! diríase expresamente hecho para el Parlamento hispano en el que tanto abundan los guineos y los cualquieras».

Años después, Pancho Guerra nos da su versión más actualizada: «GUINEO.-Sonsonete molesto en que puede caer un ruido o una conversación. (Guineo es en castellano cierta música y baile de negros. Por aquí se endereza la raíz del popular término. Quevedo, en el Libro de todas las cosas, dice: "Si escribieres comedias y eres poeta, sabrás guineo en volviendo las “rr”, “ll” y al contrario, como Francisco Flancisco, Primo Plimo." Según el Diccionario, es cierto baile de negros. Música de este baile….)».

Nos remite también Pancho Guerra en el significado de “guineo” a otro término «TINETE.- Sonsonete, reiteración monótona de sonido o palabras. Petición insistente y molesta: "iCogió un tinete... !". Tonillo o entonación peculiar que imprime una persona a su habla. Se aplica también a la canturia con dejo de los chicos de la escuela, cuando colectivamente dicen o estudian una lección. Es, pues, un tonillo, dejillo, sonsonete, retintín, dicción de cadencia monótona».

El remitido que nos hace Pancho Guerra al castellano, no es otro que la segunda acepción del DRAE. «GUINEO.- 2. m. Cierto baile de movimientos violentos y gestos cómicos, que era propio de la gente de raza negra. Pero es precisamente su tercera acepción «3. m. Tañido o son del guineo, que se toca en la guitarra», la que nos permite entender el significado del refrán canario recogido por los hermanos Millares Cubas, pues es más difícil “tocar” su son en la guitarra, que simularlo o “tocarlo con la boca”,  como bien dice el repetido refrán ¡Guineo de boca cualquiera lo toca!.
 
Pepe Cañadulce en Taliarte (Jaime O'Shanahan - MDC)
Después de todo lo dicho, hay un “guineo” querido y reconocible en el recuerdo, con su particular acompañamiento, que se hizo famoso en el pasado siglo para la chiquillería y mayores, era el que gritaba Pepe Cañadulce cuando se anunciaban las fiestas del lugar. Aquel personaje del barrio de San José de Las Palmas, tenía el atributo de que su voz ampliada emitiera uno de los pocos “guineos” que siempre motivaba alegrías y sonrisas, ganando afectos y simpatías. No podía tener otro apodo más acertado para conquistar el buen ánimo en la chiquillería: “Cañadulce”, ese pedacito pelado del tallo de la caña de azúcar que era chupado como golosina. Como dice la locución conocida: ‘Si masticas el chupo, te queda un sabor a jarabe’.

Nuestro recordado Pepe era quien con su característico “guineo”, después de redoblar su tambor, usando un gran fonil a modo de amañado altavoz o megáfono del siglo pasado, se convertía en el pregonero de todas las fiestas de barrios, siempre acompañando a los “papahuevos” y a la improvisada y desafinada banda de música del lugar.

Sus hábitos, costumbres y salidas de tono, en su permanente deambular por las calles de su popular barrio de San José, los escribió el poeta de Valleseco Olegario Marrero Tadeo para la “Isa a Pepe Cañadulce” que interpretaron “Los Faycanes”, con música del director del grupo Antonio Cejudo.

Ya llegan los papahuevos bailando a la Portadilla
Cañadulce es el primero gritando con su bocina.
El tambor a la cintura, de vez en cuando un redoble
¡cachimba! soltó el Rapadura ¡hijo puta! le responde.
Se acerca con el guindilla una jurria en pelotera
y el Parranda en una esquina se duerme la borrachera.
Tiraron tres voladores cerquita del torreón
y del fondo de un portón salieron las maldiciones.
Ya se van pal  Moñigal el guindilla con la gente
y los papahuevos detrás y Pepe el bobo caliente.


El característico “guineo”, a grito pelado con su boca pegada a la del gran fonil de latón, de aquel que era conocido popularmente como Pepe Cañadulce, José Santana Castro decía su documento de identidad, era un reconocible “tinete” que dejó de oírse a mediados del mes de octubre de 1991, cuando su corazón ya no pudo resistir la “avería” que le aquejaba de tanto trasiego de vida que vivió con plenitud y regocijo.

Para los más jóvenes, incluimos el significado de algunos canarismos del diccionario de la Academia Canaria de la Lengua: «PAPAHUEVOS.- Cada una de las figuras de gigantes o enanos de gran cabeza que animan ciertas fiestas. U. m. en pl. ‘Cuando era chico, les tenía mucho miedo a los papahuevos’» y el desusado término aragonés del «FONIL.- Utensilio de forma cónica, con el extremo inferior más estrecho, para trasvasar líquidos. ‘Si hubiera usado un fonil, no habría derramado tanta leche’».

Pancho Guerra nos amplía el significado de la segunda: «FONIL.- Expresión popular y casi exclusiva del embudo. (Registrado en el Diccionario, pero de poco uso en la Península.) Por similitud se dice que "es un fonil" el bebedor incansable». El remitido al DRAE que nos hace nuestro célebre autor a dicho término, nos aclara su particular uso en la península «Embudo con que se envasan líquidos en las pipas».

jueves, 24 de diciembre de 2015

Este niño está ensayado

(catholic-link-com)
Nos dicen los hermanos Millares Cubas en la “Refundición del léxico de Gran Canaria”, de la voz «ENSAYADO.— Contento, alegre, entusiasmado. Los niños “ensayados” propenden a juegos turbulentos, acompañados de saltos y de alaridos que en los espectadores despiertan instintos inquisitoriales, refrenados por la hipocresía social. “Siéntate, niño, que te estás ensayando demasiado”».

Con posterioridad Pancho Guerra nos acerca dos adjetivos algo distintos: «ENSAYADO.- Hombre fresco, enamoradizo, enralado, donjuanesco, ligero de manos para la caricia furtiva» y «ENRALADA-O.- Mujer liviana, enamoradiza, cabeza loca. Hombre mujeriego, fácil al requiebro y enamoriscarse, que foguetea».

En relación con este paralelismo que Pancho Guerra establece para los adjetivos “ensayado" y “enralado”, la Academia Canaria ha dado una contestación a una consulta que despeja las dudas en cuanto a su uso:

«El canarismo enralado, participio del verbo pronominal enralarse, ‘relajarse en el comportamiento, propasándose’, parece proceder, como señala Marcial Morera en su Diccionario histórico-etimológico del habla canaria, del adjetivo ralo, canarismo usado en la isla de Gran Canaria y que significa ‘alegre, contento hasta perder la compostura’. Aunque en algunos contextos su significado pueda parecer muy cercano al del también canarismo ensayado, del verbo ensayar, ‘incitar, animar, divertir en exceso a alguien, especialmente a un niño’, existen, como ve, diferencias semánticas entre estas voces. Ello no obsta para que, en ocasiones, puedan actuar como sinónimos contextuales o referenciales, es decir, como palabras entre las que, en un contexto determinado, puede elegir el hablante para referirse a una persona que muestra un comportamiento caracterizado por un entusiasmo o una exaltación excesiva».

Más recientemente, el canarismo “ensayado” dado a un niño por sus padres o familiares más próximos, es sinónimo de “alegre”, “contento”, “feliz”, “entusiasmado”… evolución desasociada del “enralo” o “exaltación”, como nos confirma la Academia Canaria cuando recoge «ensayado, da. 1. adj. Que siente mucha afición o entusiasmo por algo. ‘Estaba tan ensayado con el juego, que se olvidó de ir a comer´».

Y de ese nuevo uso que ilustremos este “decir” con la imagen real de un figurado “Jesús alegre en su cuna”.

martes, 22 de diciembre de 2015

Estar a caldo de papas

Todavía en algún pueblo del interior de la isla oímos este viejo decir que se acostumbraba cuando la economía familiar andaba algo estrecha por algún gasto imprevisto. Su uso más actual ha estado relacionado con las fiestas navideñas y de reyes en que los gastos en regalos desbordan a las familias, y cuando llegaba la llamada “cuesta de enero y febrero”, cuando los pagos se hacían en efectivo, surgía nuestro decir ahora vamos a “estar a caldo de papas”.

El “caldo de papas”  es de lo más humilde de la cocina canaria, prácticamente, de los más elementales ingredientes componen su receta: dos o tres buenas papas “nuevas”, una cebolla, unos dientes de ajo, un trozo de pimiento verde, un poco de comino en grano y unas hebras de azafrán, aceite de oliva y agua. Si los recursos lo permitían se añadía un manojo de cilantro y huevos, pero a este ya se le llamaba “caldo macho”.
Caldo macho
El “caldo de papas” sacó a muchas familias de grandes apuros en los tiempos de escasez, y se incorporó a nuestra humilde cocina canaria, de ahí que naciera este decir.

Lo define muy bien la FEDAC en su apartado de “Cultura Tradicional” «El caldo de papas es otro de los exponentes de la cocina canaria, pero sobre todo de la cocina más humilde de la Isla. Y es que este plato es muy fácil y económico, de hecho, sacó de algunos apuros a muchas familias en épocas de carestía.

También se le puede denominar caldo cilantro: este componente es vital a la hora de darle sabor pues se le pone más cantidad. Pero, además, si a este caldo, de papas o de cilantro, se le añade huevo, puede recibir la denominación de caldo macho o caldo de huevo. Uno de los componentes básicos de este plato son las papas, base de muchas de las comidas más características de Gran Canaria».

La Academia Canaria de la Lengua incluye como primer acepción para el término “caldo”, por antonomasia, un significado muy aproximado «Caldo sin sustancia o bebida floja. “Aquello era puro aguachirre: cuatro hojitas de col y un puñadito de garbanzos”». 

En la “Refundición del Léxico de Gran Canaria” de los hermanos Luis y Agustín Millares Cubas, nos aproximan a las costumbres del siglo XIX «Por ejemplo, en la comida de los criados o de los jornaleros, el plato fuerte puede ser un caldo verde o macho, gofio amasado, pescado y papas etc.», incluyendo al caldo verde o macho, como primer plato, al que se añade como segundo el pescado y gofio amasado, permitiendo así considerarlo como un “plato fuerte”, distinguiéndose del simple y flojo “caldo de papas” que en sus tiempos era plato único.

Años después, Pancho Guerra en su “Léxico de Gran Canaria”, además de contarnos del “Caldo macho”, del que dice «Especie de potaje muy popular, compuesto a base de patatas y aliñado con pimentón, ajos y otras prevenciones», nos cuenta de los significados que da a los términos utilizados por la Academia Canaria en su definición de “aguachirri” y de “chirri”.

Del primero nos dice que «AGUACHIRRI.- Comida sin tropezones ni sustancias, o bebida floja; por ejemplo, café poco cargado. (El "aguachirle" castellano, con cuyo término tiene semejanza, lo mismo formal que de contenido, se refiere exclusivamente a bebidas alcohólicas :licores y el llamado "aguapié", vinejo que resulta de echar agua al orujo y apurarlo en el lagar. En Gran Canaria se aplica casi solamente a las viandas livianas. El aguachirri es comida .de pobres de pedir por puertas, lo que el humor de la tierra llama "caldo de verguillas" y "caldo de enredaderas": un plato de agua de fregaduras y dos "papitas" desaladas. Tal vez algún manojito de bledos)».

Del segundo término nos comenta que «CHIRRI.- Se dice de las sopas y los caldos claruchos, poco sustansiosos y sin tropiezos o entullos. (Es voz de presumible origen galaico. El señor Casares dice en su Ideológico que por Galicia llaman "chilro" a una "especie de caldo sin sustancia". La Academia no recoge todavía el término)».

En los tiempos que vivimos, intentando superar una profunda crisis económica sistémica, por la que muchas familias sufren la pobreza extrema no resulta extraño que el recurrente “caldo de papas” haya adquirido nuevamente mucho protagonismo.

No debe confundirse el “caldo de papas” con el “caldo de gallina”, otro aguachirri, caldo que resultaba del guiso de una gallina, con alguna cebolla y un poco de pimiento verde, sin más añadidos, que antiguamente se daba a la mujer canaria en los primeros días después de haber dado a luz, y que se decía era para recomponerle el estómago después del parto.

Este último caldo fue el que dio lugar al conocido como “zorrocloco”, muy bien definido por Pancho Guerra: «ZORROCLO (Sorrocloco).- Se denomina así al marido de una parturienta en los primeros días después del parto. (Refleja la costumbre antigua de la covada: "zorro-clueco". Ha llegado a constituir una antigua leyenda. Se aprovechaba de las ventajas alimenticias ─caldos de gallina, vino dulce, etc.─ que se daban a la mujer en tal situación. De ahí que traslaticiamente se aplique en Canarias al hombre ladino, cauto, aprovechado, pero a la chita callando».

De la “covada” nos dice el DRAE su significado: «Costumbre que pervive en zonas de Asia y de América, y que existió en algunas partes del norte de España, consistente en la permanencia, tras el nacimiento de un hijo, del padre en la cama, recibiendo atenciones, mientras la madre vuelve a sus tareas habituales».