Tradicional y didáctico decir de cabreros que
enseña que la cabra si es de manada, siempre volverá a la manada, pues si se
comportara como "guanilas",
refiriéndose a cabras salvajes, al final el pastor vendrá obligado a matarla y
comérsela, pues la cabra por su cuenta ya no se prestará al ordeño ni al aprovechamientos
de sus baifos.
Las cabras de ley o domesticadas, cuando están en
celo buscarán el macho aunque sea de otro cabrero y aunque éste se encuentre a un
kilómetro de distancia en un risco, después de "coger macho" vuelve otra vez a su ganado y su corral (Fuente
oral: JOSE MANUEL MARTIN REYES / La Matanza de Acentejo).
La palabra "guanil",
canarismo que procede del habla aborigen, según el diccionario de la ACADEMIA
CANARIA DE LA LENGUA tiene el significado de « Dicho del ganado que se cría suelto, que no tiene marca que
identifique al dueño. "En la apañada se marcaban las crías que estaban
guaniles"».
La tradición de matar el ganado
marcado y domesticado que se comporta como "guanil",
no sólo lo es porque al no volver al corral no puede aprovecharse su leche y
sus crías, sino también por sus raices en las seculares normas que se impusieron
cuando el ganado "guanil"
estuvo protegido desde los primeros momentos de la conquista de las islas, ganado
que se reservó para su aprovechamiento exclusivo por los aborígenes canarios,
tal cual lo recogían las Ordenanzas del Concejo de Gran Canaria de 1531:
«Otrosy que ninguna persona sea osado de matar ganado cabruno salvaje
ni otro alguno que sea guanyl porque la renta del dicho ganado cabruno guanyl e
salvaje es para los propios de esta ysla so pena que el que matare algund
ganado cabruno salvaje pague el valor del ganado al arrendador de la cibdad e
aya de pena doze maravedís por cada cabeca».
Los cabreros conocen
perfectamente del difícil aprovechamiento como lecheras de los individuos
adultos del ganado "guanil",
y tan sólo aprovechan de los mismos sus crías cuando son recogidas en las
apañadas como lo cuentan los pastores majoreros (VARIOS AUTORES, Aportaciones al folklore tradicional de
Fuerteventura, Sta. Cruz de Tenerife, 1995).
«Tras cinco siglos de historia poco ha cambiado, puesto que hasta las
técnicas de explotación del recurso continúan siendo las mismas. Así, el ganado
no estabulado, que siempre ha sido la mayor parte de la cabaña ganadera
insular, se captura anualmente en las clásicas apañadas, una vez que las cabras
han parido. Entonces se reúnen todos los ganaderos de una zona para recoger y
marcar el ganado que ha estado suelto por las regiones más inhóspitas de la
isla.
Desde horas muy tempranas del día los pastores con sus latas y perros
guiaban a las cabras hasta los Corrales del Concejo, donde se procedía a marcar
a los baifillos, que como se sabe siempre siguen a su madre. Tras las labores
propias de marcar el ganado no podía faltar la fiesta y así se mataba a un
macho castrado que era degustado por todos mientras se celebraba el baile de la
apañada.
"Al terminar la apañada se mataba el mejor carnero, se repartían
las bañas que se comían crudas y se bebían la sangre caliente. Los más viejos,
como no podían correr, juntaban la leña, asaban la carne y preparaban el agua
de la fuente, el vino y el ron. Alrededor de la hoguera del asadero se bailaba con
las latas"».
De
esta última entrecomillada información oral dada por Mª Antonia Martel Peña en Puerto
del Rosario, el antiguo Puerto de Cabras, debe aclararse que las "latas" son las pértigas del
pastor majorero, cilíndricas de unos dos metros de larga, y la "baña" es la grasa de animal.
No conocemos que este decir se dijera de los hábitos humanos, pero no por ello hemos de desestimarlo, y no nos sorprendería cuando muchos de la jerga pastoril como tales fueron usados.
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